Hipólito y el sancocho de Abinader

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No hay dudas de que el expresidente Hipólito Mejía es uno de los dirigentes más astutos del bestiario político en el país.

Eso a pesar de que en su desastroso gobierno (2000-2004) la devaluación llegó al tope con un 300% en el último año, la inflación anual estuvo en un 55% y el alza estrepitosa del dólar alcanzó niveles de espanto, a 60×1 en el año 2003. Pero aún con todos esos indeseables hitos, no hay dudas de que el exgobernante y también líder del Partido Revolucionario Moderno (PRM) sigue demostrando que él es realmente quien tiene la sartén cogida por el mango.

Y es que para nadie es un secreto que el presidente Luis Abinader se encuentra en manos del “Guapo de Gurabo”. No han valido las filtraciones de decretos a los medios de comunicación para desacreditar al ministro de Defensa y antiguo jefe de seguridad de Mejía, teniente general Carlos Luciano Díaz Morfa. Un ejemplo de esas filtraciones fueron las asignaciones mediante decreto de cuatro militares para servir de seguridad al comunicador Melton Pineda, cuyo notición provocó una oleada de animadversión hacia el funcionario como es natural.

Tampoco ha servido de algo las acusaciones de que Mejía siempre fue supuestamente un beneficiario del gobierno del expresidente Danilo Medina. Por lo que siempre se ha murmurado que estos mantienen una alianza política para conspirar y hacerle frente a la actual gestión.

Y aunque eso nunca ha sido confirmado, por lo general el pensamiento vox populi es el siguiente: “Si Danilo es aliado de Hipólito Mejía, entonces Luis Abinader es aliado de Leonel; sino miren al dizque Ministerio Público Independiente que solo atrapa a incumbentes del PLD, no somete a ningún leonelista y utiliza a los funcionarios del PRM de quinta categoría para justificar el combate a la corrupción”.

El más reciente de los desmanes del sector abinaderista ha sido el señalamiento -sin pruebas y sin fundamentos- que se le ha hecho al exjefe de Seguridad de Hipólito, el siempre polémico Pedro Goico Guerrero, mejor conocido como “Pepe Goico”.

Y por supuesto que me estoy refiriendo al presunto intento o “invento” de atentado contra la magistrada Yeni Berenice Reinoso, el cual finalmente con los días fue cambiando de versión a espionaje o seguimiento, y que todavía hasta el sol de hoy no se sabe bien que fue lo que ocurrió en verdad (si es que realmente ocurrió algo…).

Nada es casualidad
Todos estos ataques e indirectas hacia el sector de Hipólito Mejía no es más que una estrategia del sector abinaderista para debilitar al principal enemigo en casa de cara a las próximas elecciones de 2024.

Luis Abinader sabe que tanto el PLD como la Fuerza del Pueblo están lejos (por ahora) de llegar a un acuerdo ya que ni Leonel ni Danilo están dispuestos a ceder o al menos a entenderse. Por lo que el verdadero adversario hasta el momento es quien puede echarle jabón al sancocho, aún con la estufa estando prendida.

Y es que Abinader sabe que su partido, históricamente, se vuelve añicos cuando se acerca el momento de la reelección presidencial.

La historia está ahí y este tipo de conflictos es como una enfermedad endémica que convierte a esa organización política en una especie de retrato de Goya, esa que describe a Saturno devorando a sus hijos de manera inescrupulosa y salvaje.

Danilo y Leonel
Pero como dije anteriormente, por ahora no hay reconciliación. Los ánimos siguen caldeados y el PRM tiene la pelota en su cancha. Sin embargo, todavía no se ha marcado el medio tiempo y ya se ven ciertas fricciones entre las estrellas del equipo que ahora controlan el juego.

Si se toma en cuenta que esas discrepancias entre Leonel y Danilo se ventilaron de manera frontal a finales de 2019 y culminó con la división del partido y la posterior derrota de ambos, se puede caer en la conclusión que, si el sector de Abinader insiste en continuar “una guerra oculta” con el sector del “Guapo de Gurabo”, el desenlace de ese partido podría repetirse como en otros contextos históricos.

Si fuese el caso, no hay duda alguna de que las mesas de negociaciones entre el PLD y la Fuerza del Pueblo se convertirían en una realidad para fortuna de aquellos militantes de ambos partidos que, como todo familiar que se enemista por una situación en particular, termina reconciliándose entre sollozos abrazos y sentimientos encontrados.

Por Adolfo Segura

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