Reflexiones de un periodista en ejercicio…

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Por Juan Santana

Camnden, Nueva Jersey.- Cada año, para esta fecha, busco hacer remembranzas y contar en una cuartilla (no más de 27 líneas, a doble espacio en una máquina de escribir de la marca Olimpia*), una parte de mi quehacer profesional. Y con estas evocaciones, me voy de momento, a aquellos años en que iniciaba como novel, en este oficio que apasiona y hace sufrir.

Y llegan a mi sesera, los recuerdos de tanta gente que creía en mis relatos. Pero también; de aquellos me ignoraban. Algunos me animaban y hubo quienes me decían “deja eso”. Para unos y otros, mi admiración, respeto y consideración.

Cuando empecé en todo esto, como ahora, tengo las mismas ideas.

Creo que más firmes aun, producto de las canas y la coraza que se crea uno mismo al tratar con mendigos, miserables, mentirosos, ególatras, narcisistas, vividores y otras alimañas que se disfrazan de periodistas y abundan en estos medios desde siempre, para conseguir favores personales.

Nunca acepté de mis fuentes, que me dijeran verdades a medias ni mucho menos, mentiras completas disfrazadas de verdad. Si no lo hice antes, cuando empecé a ejercer este oficio, cuando lleno de energías, de voz fuerte y vibrante, de salud a prueba de todo… ahora menos.

En aquellos días del inicio de este quehacer, solía sacar la comida de la nevera, llevarla a mesa y de ahí, a la boca, hacer la digestión caminando y platicar las noticias que iba a escribir en la redacción con los compañeros de otros medios, con los choferes y camarógrafos, después de cubrir una asignación.

¡Y de esa misma manera las redactaba!

Nunca recibí un desmentido, si algunos intentos que ahí se quedaron, cuando les decía a algunos relacionistas públicos  que vinieran a la redacción (cuando estuve en El Nacional), para que dieran su versión de lo que yo había publicado.

Mantener las buenas relaciones con superiores en el entramado de la dirección de los medios, fue mi rumbo. Igual con mis colegas de oficio y todo el personal de apoyo. ¿Por qué, habría de cambiar ahora, en el otoño de mi ejercicio profesional? Otro dato, era tener el diccionario al lado y haber leído los principales periódicos de la mañana, antes de comenzar a escribir las noticias para el vespertino.  Creo que me pasé un poco, de la cuartilla que tenía pautada escribir.

Dedico estas  palabras con cariño a mi profesor  Onofre De la Rosa, a Leonel Concha y don Radhamés Virgilio Gómez Pepín. Ellos saben el porqué de estas líneas.

El autor es periodista radicado en Camden, Nueva JerseyEstados Unidos.

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